
Según cuentan algunos viejos pobladores de la Ciudad de los Momos, en las afueras de la ciudad, por las noches de verano, se solían escuchar ecos de tambores, percibir olores a cenizas provenientes de los vestigios de aquellos rituales y sentir el calor de la danza en la que cuerpo y fuego se fusionaban a través de un mágico milagro en un solo elemento. Ellas, azarosas en el arte del calor sin la quema, invocaban a los dioses advirtiendo al destino.
Cada atardecer pareciera revivirse la leyenda en el barrio que le da su nombre: Las Danzallamas, ubicado entre las calles Energía y Misterio.
Bienaventurados los que intentan acercarse al fuego.
Bienaventurados los que se atreven a pasar por estos callejones...


No hay comentarios:
Publicar un comentario